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AL REGRESO DE JORDANIA. EL PAÍS DE LA PAZ. DESDE LA CIMA DEL WADI RUM

Soy un veterano explorador del Mundo. Recorrí paisajes en el Artico y en el Antártico, en el Occidente y en el Oriente.
Desde las altas cimas himalayanas, a las diferentes montañas de los inmensos Andes. Los Alpes fueron mi escuela y casi mi religión. Descubrí remotas cimas en Africa, en las islas de la Sonda y me alcé en inumerables regiones de esta Tierra de los hombres.

Cuando después del famoso 11 de Septiembre las gentes se apartaban del mundo árabe yo me dirigí allí, precisamente buscando la paz. Y no me equivoqué. Amman nos recibió apacible y acogedora en medio de las mesetas desérticas de Samaria y Judea. Hacia el Este las tierras descienden bruscamente hasta el Jordán, mientras en la frontera con Siria se alzan las pequeñas montañas jordanas de escasa altitud. Además de la capital Amman, también está Zarga, Irbid, Rusayfath y varias otras poblaciones llenas de vida como oasis en el gran Desierto del Jordán.

Jordanía me gustaba porque era tierra antigua... llena de rememoranzas bíblicas. Después de visitar Amman me bañé en la hondura del Mar Muerto, sintiendo como su agua salada cicatrizaba las heridas de tantas luchas por la existencia.

Una noche llegué a las inmediaciones del Wadi Rum atravesando el desierto. Cenamos al lado del fuego, protegidos por rocas fantasmales, y en el amanecer recorrimos la luz de sus laberintos, extasiándonos ante la obra de la naturaleza sobre fachadas de piedra modeladas por los maestros de Gaudí...

Escalamos el Jebel Rum, la cima mayor y más alta de aquellas montañas por el norte, superando más de setecientos metros, a través de precipicios, cornisas y canales de rocas rojas... Nunca había contemplado tanta singularidad de parajes y tanta belleza inesperada. Desde el Jebel Rum, la cima del desierto, descubrí que el otoño de mi vida había rejuvenecido. Cargados de optimismo descendimos por el otro lado del macizo, regresando a la tierra, descolgándonos por lisas paredes de centenares de metros, explorando barrancos verdes y llenos de vida... entre la hospitalidad de los montañeses beduínos que como su roca arenísca nos habían fascinado.

Todavía emocionado, sintiendo que habíamos encontrado el paraíso del Wadi Rum, llegamos a Petra, el misterio del pasado en la nobleza de la piedra.

Jerash el más impresionante monumento de la historia, los castillos Omayas, el Monte Nebo... la hospitalidad y la cordialidad de su gente. Jordania, en donde el paisaje es tan interesante como sus pobladores.

Por encima de todo las perfiladas moles de piedra del Wadi Rum, en donde tantos seres cansados de viajes monótonos pueden encontrar el sentido de la superación, la alegría y la juventud.
Deberé todavía escalar las montañas de Al Sarabit, Al Liyha, Haira, Um Ishrin, Judayda, Qattar y otros jebeles que me han fascinado para poder así escribir tantos sentimientos nuevos en un país tan antiguo como la vida.
olver a Jordania

Desde Jordania, el país de la Paz por César Pérez de Tudela.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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