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MUERTES EN EL DEPORTE

Neurosis en el Deporte.

 
Dicen que el héroe es el que sabe luchar contra la muerte.
 
-Si me equivoco, si la suerte está frente a mi pereceré- 
 
Son pocos quienes han superado la muerte: conciencia de donde termina la vida, el ser o no ser.
Conciencia de la muerte: negación ante ella, rabia de morir, razonamientos sobre la inminencia de la muerte, honda depresión y al fin el consuelo de la aceptación.

Morirse es resignarse a dejar la existencia: para penetrar en ese ámbito superior e invisible del que hablaba Rilke.

En el Everest, más que en ninguna otra montaña del Himalaya, las muertes son frecuentes entre los esforzados protagonistas que desean lograr la gesta de la cima. Antes, hace una treintena de años, los que subían a las montañas eran alpinistas, más o menos fuertes, pero al fin todos eran gentes comprobadas en la supervivencia, dueños de técnicas y de hábitos, repletos de experiencias deportivas y aún místicas.

En estos veinte últimos años las cima famosas de la Tierra, Everest, Mont Blanc, Elbruz, Mc Kinley, y especialmente las cimas de los <8.000> del Himalaya son cercadas por alpinistas ocasionales, turistas de la altura, deportistas necesitados de <records> sociales, que acuden anualmente al estadio helado del Himalaya, y a donde nunca hubieran ido sin la publicidad y la moda que propician facilidades, medios y ayudas a disposición de los modernos deportistas.

Hace unos días David Sharp salió de su casa para escalar el Everest. -Allí me encontraré con decenas de alpinistas -No te preocupes -le dijo a su madre.

Se dice que 40 personas pasaron al lado de Sahrp, tendido exhausto sobre la nieve, agonizante, y todos prosiguieron su camino hacia la cima sin auxiliarle.

¿Hubiera sido posible en este caso, como en tantos otros, organizar una acción de rescate entre los alpinistas y sherpas candidatos a la cima?

¿Hubieran cambiado estos alpinistas la posibilidad de llegar al <podium> de la cima por realizar un salvamento de otro alpinista con inciertos resultados?

Todo parece indicar que así está hoy la realidad y que cada vez menos el hombre ambicioso de <records> y de <honores> está dispuesto a ejercitar humanismos y generosidades.

¿O es que esta misma sociedad, occidental democrática y desarrollada, va a valorar más a quien ayuda a salvar, hipotéticamente, la vida a un semejante, que la de un triunfador sobre la cima del Everest?

Yo no sé si estos turistas deportistas pueden ser llamados o no alpinistas. Pero me resisto a creer que ya no exista la compasión, esa reacción solidaria que a todos nos dignifica.

Sigo en condiciones de afirmar que el hombre es, por encima de otras muchas consideraciones, un protagonista de sentimientos y pensamientos. Y con ello caritativo y abnegado al servicio de los demás. Esa es también y por encima la verdadera cumbre.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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