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EXPEDICIÓNES A BORNEO Y NUEVA GUINEA IVª PARTE

Me encontraba volando sobre una mancha verde entre la selva, cerca de un pequeño poblado, y la altura me impedía poder distinguir los accidentes del terreno. Hice un tímido giro de 360 grados para descender, al que siguió otro más que me llevó a otra capa de aire más turbulento.

Venimos de la cima de Borneo

Entonces pude ver que debajo estaba una manada muy numerosa de búfalos o vacas, y que el terreno no era ni mucho menos plano, sino lleno de desniveles y hoyos. Con algo de miedo, muy concentrado en lo que estaba haciendo, fui planificando el «tráfico» para tomar tierra, de la mejor manera que podía hacerlo, hilvanando «ochos» para asegurarme terreno disponible. Solo entonces distinguí el parapente blanco de Jorge Alfaro, medio desplegado, a quien grité que me indicara de donde venía el viento. El terreno tan verde desde arriba era un campo cubierto de rocas disimuladas por la vegetación. Tomé tierra perfectamente casi al lado de mi compañero, después de un forzado giro muy cerca del suelo para evitar las rocas. Jorge llegó junto a mí y nos dimos un gran abrazo, cubiertos hasta el pecho por el verde de la jungla:

- ¡Increíble! ¡Fantástico! - Nos costaba creer que todo aquello lo estábamos viviendo. Y pensé:
- Estos momentos deberíamos retenerlos en nuestra mente para iluminar el futuro -
Entonces fue cuando miramos hacia la montaña, allá muy lejos, en lo alto se distinguían los picos graníticos perfilados sobre aquellas selvas impenetrables cubiertas de nubes. El optimismo de aquél presente, creo que quedará para siempre, inmóvil, en el fondo de nuestras conciencias.

Vicente hablaba sin cesar y su voz llegaba de la cima a la radio de Jorge, pletórica de entusiasmo, tras el espectacular suceso vivido:
- Ya he organizado el descenso con los porteadores y estamos bajando por las cuerdas fijas en los precipicios de roca - A las horas estaremos en comunicación.

Estábamos viviendo el epílogo de una larga y soberbia alucinación. Eran las 7,45 h. de uno de esos días grandes que ensanchan la vida.

Cuando salimos al camino y llegamos al poblado de Kundasang, la gente nos miraba como si fuéramos hombres venidos del cielo.

En la "rueda de prensa" que las autoridades convocaron en Saba tuvimos que contar, cada uno de nosotros, la experiencia vivida. Los cuatro o cinco diarios de Malasia, dedicaron amplios espacios al acontecimiento y varias cadenas de televisión contaron como dos españoles bajaron volando -colgados de un parapente - de la montaña sagrada del Kinabalu.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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