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EXPEDICIÓNES A BORNEO Y NUEVA GUINEA Vª PARTE

La expedición continuaba su curso camino de la lejana isla de Nueva Guinea, viajando desde Kota Kinabalu a Kuala Lumpur - Jakarta - Ujun Pandang - Biak - Jayapura, al norte de la gran isla, reino de la historia natural, verdadero museo de la naturaleza.

En busca de los arborícolas de Papua

Nuestra intención y objetivo es adentrarnos en las selvas desconocidas que existen tras la cordillera de Jayawijaya ( Picos Cartensz, Trikora, Yasmin, Mandala etc,.) que casi alcanzan los 5.000 metros, y que se extienden hasta las marismas del Mar de Arafura. Allí se sitúa a unos aborígenes que todavía viven en la más remota de las existencias. De todos ellos, solo es conocida parcialmente por los estudiosos la cultura Asmat, que tras la desaparición de M. Rockefeller - presuntamente víctima de una venganza y devorado - propició varias expediciones de periodistas aventureros e investigadores.

Después del éxito logrado en Borneo, esta segunda fase de la expedición nos resulta cansada. El calor sofocante empieza a sentirse en Jayapura, así como la deficiente alimentación de sopas y arroz exclusivamente.

Viajamos a Merauke, cuando los misioneros nos niegan la posibilidad de utilizar sus avionetas para trasladarnos por Wamena, a las zonas altas de la selva. En Merauke nos encontramos incomunicados y con un equipaje voluminoso que nos resta movilidad.

Por fin hemos gestionado que una avioneta “Twin Otter”, de Merpati, nos traslade a un lejano aeródromo - un camino ensanchado en la selva - rodeado de ríos. El calor es insoportable para nosotros que venimos de las selvas altas de Borneo. Nuestro equipaje - lo más voluminoso - no ha llegado y nadie nos da explicaciones. Aquí solo está un simpático policía - Antón Paliman - que representa al Gobierno y que nos da algunos consejos sobre estos parajes, en donde la malaria se adueña de los destinos de los hombres.

Para consolarnos de tanta desgracia visitamos la casa de la misión evangelizadora protestante, pulcra y cómoda, en donde nos recibe un canadiense que se dedica a estudiar las enfermedades tropicales, y quien presionado por las preguntas de Vicente, nos muestra un croquis de la zona y la diversidad de tribus que lo pueblan, dispersas por aquellos enjambres de ríos y pantanos.

- Sí, naturalmente que son caníbales - responde.

A la luz de un farol comemos lo que el sulawesi - venido a repoblar Nueva Guinea - nos ha preparado para cenar.

- Tendría que enviar a dos policías con ustedes, pero desgraciadamente no tengo gente disponible - Vayan con mucho cuidado - Efectivamente río arriba verán unos paisajes inauditos y gente que jamás ha visto a nadie - nos dice el jefe de la Policía local, un indonesio destinado en este agujero
- Espero que solo estaré aquí cuatro meses más -

Frente a nosotros se abría la verdadera aventura de la exploración, igual que si estuviéramos a finales del siglo XIX.

Esa noche repartimos camisetas y gorras rojas a dos indígenas, que con su larga piragua de tronco de árbol “sagú”, deberían adentrarnos, ríos arriba, en el infierno verde de la prehistoria.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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