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LA PRIMERA EXPLORACIÓN DEL CRÁTER DEL COTOPAX IIIª PARTE

Fijamos el torno de rescate en el lugar que días atrás habíamos decidido. Marcos Serrano se encargó de realizarlo, ayudado por Miltón y Morán. Ramiro Navarrete, Belisario Chiriboga y yo seríamos quiénes descenderíamos al fondo del cráter, mientras Sánchez Guijarro filmaría todo  cuanto fuera posible.

HACIA EL INTERIOR DE LA TIERRA

Casi sin creerlo nos vimos colgados de las cuerdas, entre sobresaltos al pisar un terreno tan desconocido para nosotros. Con los cascos puestos para protegernos de las caídas de piedras, las máscaras antigases y los trasmisores de radio abiertos, iniciamos la entrada en el interior de la Tierra. Si el descenso discurría ineludiblemente por pared vertical, utilizaríamos el torno, pero poco a poco ibamos encontrando rutas que evitaban la verticalidad y los muros extraplomados, llegando incluso a destrepar con relativa facilidad, buscando repisas. Utilizamos varias cuerdas de cien metros, anclándolas como mejor podíamos en las rocas volcánicas, muy calientes e inestables. Las fumarolas de gases eran muy frecuentes y de gran intensidad, pero no veíamos los “agujeros” que los polacos habían citado en el informe de su expedición y que tantas preocupaciones me habían representado. Era aquél un ambiente irreal y distinto a cuantos anteriormente había recorrido. Después de tantos miedos pasados me encontraba bajando con seguridad, aun cuando no dejaba de observar a las grandes cornisas de hielo, centenares de metros sobre nosotros, las que reblandecidas por el calor se desprendían con frecuencia barriendo el interior del cráter. Cien metros más abajo pudimos  llegar a la misma chimenea magmática.
Estabamos abajo y mi mirada se centraba en el “Anillo de hielo” que ahora veía invertido, visto desde sus profundidades, cerrando completamente mi horizonte. Las piedras estaban manchadas del azufre que rebosaba por todas partes, en cuánto se removían las rocas a nuestro paso. Eramos los primeros hombres que, después de tantos años de intentarlo, recorrían este hoyo gigantesco y misterioso: la sima del volcán más alto de la Tierra. Indiqué a Navarrete que recogiera muestras y midiera la temperatura de las fumarolas de vapores y gases, que se derramaban por cualquier fisura, para facilitar datos a los estudiosos de la Universidad de Quito.

Desde quinientos metros más arriba nuestros compañeros nos advertían que iniciasemos la subida lo antes posible. Una tormenta eléctrica se aproximaba sobre el “anillo de hielo”, desde donde el escape hacia el borde del cráter es muy difícil, cuando el viento y la niebla se establecen allí. La diferencia de temperatura era notable, en el fondo deberíamos encontrarnos a venticinco grados sobre cero, a diferencia de los diez grados bajo cero del “anillo de hielo”.

Ni Navarrete, ni Chiriboga, ni yo,  dabamos crédito a la realidad que estabamos protagonizando en aquel ambiente eufórico e irreal, con frecuentes sacudidas que producían, instantes después, las salidas de gases por las infinitas fisuras y agujeros, algunas con enorme presión, produciendo zumbidos y curiosos silbatos.

Lentamente iniciamos la subida. La posible filtración de gases -a pesar de las caretas – hacía que nos costará mayor esfuerzo la escalada por aquellas piedras calientes, bajo el clima asfixiante que soportabamos, mezclado con la altitud. Me parecía imposible estar regresando de la aventura, cuando en mis cavilaciones, preparando mentalmente la exploración, había previsto que sería necesario montar un campamento en el interior. Cuando alcanzamos la cima del Cotopaxi una intensa tormenta eléctrica estallaba sobre la montaña y el descenso se efectuó envueltos en la niebla y en el  “zumbido de abejas”,  sintiendo como nuestros pelos se erizaban a pesar de las vestiduras y del casco a causa de la electricidad estática que nos acompaño durante todo el recorrido...

El primer descenso al fondo del cráter del volcán Cotopaxi fue emitido en dos ocasiones por el programa de Televisión Española “300 millones” viendose en España y en todos los países de habla española. El reportaje fue emitido también por otras cadenas de televisión europeas facilitado por TVE.
La Editorial Everest publicó el libro “Expedición al Cotopaxi” en 1981.

La Real Sociedad Geográfica, en su boletin número 42 de 1979 incluyó un informe de la expedición felicitando a su director, el autor de este  relato.

Adenda.

Nous Alexis d´ Anjou, par la Grace de Dieu et en vertu de Nos droits héréditaires Chef de la Maison Royale d` Anjou de Naples et Prince d´ Anjou du Sang de France, Duc de Durazzo, Comte de Gravine et d´Albe, Seigneur de l´Honneur du Mont Saint Ange. A  tous present et a venir Salut! A notre bien aime Messire Don César Pérez de Tudela y Pérez.

“En reconocimiento por vuestros méritos excepcionales como explorador de renombre mundial, gran viajero y divulgador de paisajes lejanos y de formas de vida exóticas, a través del mundo y durante más de un cuarto de siglo, en el curso de los cuales, por vuestras exploraciones y escaladas habeis dado a la juventud un nuevo sentido de amor a la naturaleza y a la paz, y más especialmente en recuerdo de vuestra exploración al más alto volcán en actividad, exploración en el curso de la cual los hombres han descendido por primera vez al fondo del cráter, teniendo presente por otra parte los servicios rendidos por vos a nuestra persona y a nuestra Casa. Es nuestra voluntad ingresaros en la Nobleza de la Casa Real d´Anjou de Napoles, como Baron de Cotopaxi”.

Titulo trasmisible a vuestros descendientes directos. Es nuestro deseo concederos nuevas Armas, junto a las que ya poseis por vuestra familia. El escudo sobre un campo azul representa un volcán de plata sobrevolado por un condor. El escudo  bajo la corona de Barón. Dado en Londres el uno de Enero del año de Nuestro Señor Jesucristo de mil novecientos ochenta y cinco. Legitimado por Narciso Martin Abril, Notario de Madrid ventiseis de abril del mismo año.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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