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CRONICAS IIIª PARTE

El optimismo de haber alcanzado la cima, nos acompaña durante los dos días que vamos separándonos del Rucapillan, viendo como su grandiosa silueta cónica se va perdiendo, camino de la frontera argentina, mirando a los volcanes Llaima y Quetrupillan, junto a los nevados de Solipulli.

EL LANÍN, EL GIGANTE DEL SUR.

Es un precioso camino  de ripio, entre flores diversas y estos preciosos árboles que se llaman araucarias, completamente desconocidos en España. El conductor del coche, un mapuche que no quiere confesar su origen indígena nos mira siempre con recelo, parando en donde se le indica, una fonda curiosa llena de sabor local y sencillez campesina, que la moderna forma de vida - muy vulgar-  ya no produce. 

El Volcán Lanín con su poderosa pared oeste completamente helada, se va conformando en el horizonte, alzándose sobre estos sinuosos bosques, que culminan en airosos contrafuertes rocosos. Estamos siguiendo un paso natural entre las montañas andinas que vierten sus aguas sobre una región de lagos: el Mamuil Malal o lago Tromen es precisamente, junto a la colosal montaña, el límite entre ambos países.

Los bosques, por donde discurre nuestra travesía, siguen siendo de araucarias: la conífera autóctona, que se constituye en símbolo vegetal de toda esta región: " La Araucaria " Estos árboles milenarios tienen un porte altivo y los parajes parecen entresacados de los tiempos remotos del cretácico, cuando la Tierra - muy caliente - estaba poblada de lagartos, tortugas y cocodrilos: los Bosques petrificados de la Patagonia son araucarias.

En la misma frontera, conversando con los gendarmes, miramos la gran cima del sur que casi alcanza de un solo tramo los 4.000 metros, casi 3.000 sobre donde nos encontramos. Este desnivel no es frecuente en las montañas de la Tierra. Al atardecer se nos unen - en la observación de los glaciares del Lanín, y de su posible ruta -  unos jóvenes argentinos que desean con fervor alcanzar la cima.

Renuncio a escalar tanta pendiente pedregosa y helada soportando el peso y el bulto de mi parapente. Además creo que el valor no me acompañaría a salir al aire desde esa cima que veo tan alta sobre la tierra circundante. Así es que liberado del peso de mi compromiso, vamos subiendo una mañana hacia los precarios refugios existentes en la arista de la morrena central del gran glaciar del Lanín. Es una subida dura, en la que hay que saber ascender sin cansarse, dosificando bien las fuerzas con pasos útiles y cortos.

EL CAMINO DE LA CIMA.

La noche transcurre muy fría e incómoda, tras una alimentación absolutamente insuficiente, a base de alguna sopa y unos puñados de cereales y pasas. A media noche unas patrullas militares nos despiertan con el ruido de sus crampones, entre rocas y nieve helada. Cuando la luz inunda la montaña, decidimos continuar la escalada por unos largos pasillos nevados, que van siendo a medida que se asciende más pendientes. Vamos buscando los pasos más seguros, entre hielo y rocas descompuestas, sabiendo que hay que perseverar para llegar a ese lugar desnudo y solitario, testigo luminoso de la naturaleza que se llama cima. Toda la ilusión de la vida presente, para alcanzar ese punto metafísico que separa contundentemente el pasado del futuro. Un amplio cono de hielo desde donde se pueden divisar los grandes parajes del sur: lagos, montañas, planicies.. Al fondo el Tronador y el volcán Osorno que escalamos el año pasado sobresalen en esta soberbia naturaleza americana. Pero no es el paisaje el premio que la cima concede. La cima marca con exactitud la realidad de nuestra íntima radiografía vital. Federico Reichert, uno de los exploradores patagónicos más famosos de principios de siglo, dijo que la cumbre era: la cima de la vida.

Decididamente hubiera necesitado mucho valor para salir al aire desde este cono pérdido como un cometa en el espacio. Si mi delicada " ala " de tela verde hubiese podido soportar las turbulencias, me encontraría volando 2.000 metros sobre el resquebrajado glaciar, para recorrer muchos kilómetros encima de lagos y bosques camino de Junín de los Andes, el primer poblado argentino.

Angel Ortiz llega a la cima, en unión de los jóvenes andinistas argentinos, profesores de educación física en el lejano Buenos Aires. Están tan contentos que no piensan en el vertiginoso descenso a la tierra, 3.000 metros abajo.
 Las fotos en la cima son inevitables y hay que posar con el banderín de “Samsonite”, patrocinadora de esta expedición junto a la pequeña bandera de España y Argentina.

Los argentinos están muy cansados, pero verse tan altos sobre la geografía que nos rodea les entusiasma - el " mirador " es mucho más espectacular que en muchas montañas de más altas cotas - Pero.. " es necesario saber dejar, lo que tanto costó conseguir "  Forma parte de la filosofía de la vida.
 
Junín de los Andes, San Martín, bajo el Chapelco recuerda a las ciudades alpinas suizas y por ello ha pérdido gran parte de esa profunda diferenciación que la Cordillera impone. Los grandes lagos se van sucediendo hacia el sur de Neuquén: Lolog, Lacar, Hermoso, Villarino, Traful.. hasta llegar al más grande y famoso de todos ellos: el Nahuel Huapi, en donde se asienta la ciudad de la Angostura, bajo el Cerro Bayo y a la vista del Volcán Puyehue. En el extremo sureste del lago se situa San Carlos de Bariloche, orgullo de la Argentina, en las faldas de una sierra rocosa que recibe el nombre de Cerro Catedral. Bariloche es ahora una ciudad descuidada y desapacible que anuncia que comienza la Patagonia, contrastando con el marco natural inigualable merecedor de mayores cuidados. El Cerro Tronador se encarga de dar solemnidad a ese sector cordillerano que vamos atravesando hacia el sur.

Hacia el "Fín del Mundo.
 El destino de la " Expedición Samsonite " es llegar al confín sur, al llamado " Fín del Mundo " para escalar y explorar alguna de esas fantásticas montañas blancas, sobre selvas de
« ñires » árboles retorcidos - propios de las zonas húmedas - entre lagos, con poderosos glaciares, como si nos encontraramos en una orografía mucho más alta.
 Vamos dejando a nuestra izquierda importantes macizos montañosos: Los hielos continentales de San Valentín, objetivo de la Expedición Pista Central de 1995, otra etapa de esta travesía de los " Andes de Norte a Sur ", por el lado chileno, así como también el importante sector sur con las famosas cimas del Fitz Roy - hoy Chalten, su verdadero nombre - el descomunal Cerro Torre, el Cerro Eléctrico, el Cordón del Adela y tantas otras más. En la vertiente del Pacífico Las Torres del Paine, hasta internarnos en el laberinto incomparable de canales e islas que componen la Tierra del Fuego.

 La mayor parte de este archipiélago fueguino, también conocido como tierras magallánicas, es chileno: Isla Navarino, Isla Dawson, Península Bruswick - en donde está Punta Arenas - capital de aquellos lejanos territorios - Isla Clarence, Isla Riesco, Península de Muñoz Gamero, Isla Desolación, Santa Inés, y la mitad de la Isla Grande Tierra de Fuego, en cuyo brazo sur, sobre el Canal Beagle, se encuentran la Cordillera Darwin. En uno de aquellos senos marinos se alza la fortaleza helada del Monte Sarmiento, en donde mi compañero Martinez murió ahora hace veinte años, sobreviviendo yo casi milagrosamente.
 Argentina posee la mitad occidental de la Isla Grande, en donde se situa la ciudad de Ushuaia - a orillas del Canal Beagle que sale al Cabo de Hornos - así como una serie de sierras y pequeñas cordilleras llenas de interés alpino y exploratorio, como es frecuente en esta vasta y compleja geografía de la Tierra del Fuego.
 
Por fín estamos nuevamente en Ushuaia, la ciudad más al sur de la Tierra, con permiso de Puerto Williams, en la Isla Navarino, más hacia la salida del Canal Beagle.

Ushuaía ha pérdido ese carácter de lugar recóndito. Los lobos marinos no están bajo la ventana del alojamiento, ni las avutardas - kaikus - sobrevuelan la bahía, como lo ví años atrás. Recuerdo haber descrito a esta pequeña ciudad, como uno de los puntos habitados más acogedores y armoniosos de la Tierra. Los últimos años han traído a un crecido número de habitantes buscando trabajo y la ciudad se extienden en suburbios sucios haciendo desmerecer aquella naturaleza privilegiada.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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