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LA OTRA EDUCACIÓN DEL PRINCIPE FELIPE IIIª PARTE

El segundo curso tuvo lugar en Candanchu, en las Navidades de 1976. Allí se encontraba de director de la Estación de Invierno, Eduardo Roldán, uno de los más veteranos técnicos de esquí, director de los cursos de profesores en los últimos 35 años y amigo personal de su Majestad el Rey.

CURSO DE CANDANCHU, EN LA ESCUELA MILITAR

El cronista que está recordando estos tiempos fue comisionado para preparar el curso. Deberíamos hospedarnos en la antigua Escuela militar de alta montaña, un precioso edificio en el mismo Candanchu, con sabor montañero, literas de madera y rincones de refugio alpino, con fotos y viejas cuerdas colgadas de las paredes.
 El curso se dedicaría al esquí, asesorado por Roldán, mientras que la naturaleza y la montaña en general, sería el otro cometido del mismo, bajo mi asesoramiento.

De camino hacia Candanchu se planteó escalar una pequeña peña a la salida de Jaca. En la cordada estábamos el Príncipe Felipe, el comisario Castillo, y yo de guía y animador, diciendo como se tenía que escalar. Y la escalada, como era lógico, debía ser sencilla y segura, pero con algo de emoción. Nadie nos molestó en la escalada. Julio Antón se quedó abajo, fumando nervioso, junto al coronel Dávila, responsable último de la seguridad del Príncipe, mirándonos y viendo las evoluciones sobre la roca, en compañía de los inspectores de escolta y los jefes de la Guardia Civil.

Roldán no estaba muy a gusto con aquél curso invernal. Así me lo hizo saber una tarde, en la que para mi completa sorpresa, desde su pequeño despacho en la estación de esquí, llamó al Rey, que se puso sin tardanza y con quien mantuvo una larga conversación en relación a cómo debían de ser los sucesivos cursos dedicados al Príncipe.
 -He quedado con el Rey que el próximo curso lo dirigiremos nosotros dos y llamaremos a Rodríguez de la Fuente para que colaboré - dijo Eduardo Roldán.

Pero a pesar de esta opinión, el curso tenía también una dedicación especial a la convivencia, y no solo tenían importancia las actividades deportivas. En el participaban huérfanos del Colegio de la Policía, compañeros de colegio del Príncipe y algunos niños de Huesca, todos en singular mezcolanza y perfecta amalgama. El Príncipe ejerció en este curso un indiscutible liderazgo como deportista: esquiaba muy bien bajo la atenta mirada de Roldán, y en las prácticas de escalada, el Príncipe demostró siempre que disponía de una perfecta coordinación en sus movimientos: me sorprendió su facilidad para la escalada natural, que dejaban muy lejos a sus diversos compañeros. Las fotos de aquella memorable jornada fueron secuestradas por una revista inglesa que nunca me las devolvió.

Las charlas que recibía, tanto del doctor Figueras (estupendo especialista en traumatología y entusiasta esquiador) – como las mías- creo que llegaron a interesar al Príncipe. El doctor Figueras y yo tratábamos de ser breves y amenos en nuestras improvisadas lecciones. Y lo mismo ocurría con las enseñanzas de Pascual de Riquelme, Sainz Pardo o Gonzalo Cuadrillero. El Príncipe era un niño entre otros muchos, sin destacar nunca su alcurnia, hasta que en una visita a la Ciudadela de Jaca, le fueron rendidos los protocolos militares, que contrastaron violentamente con el sencillo tratamiento de montaña.



 
César Pérez de Tudela Escalando
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