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  Capítulo I. La ascensión al Cervino de Edgar Whymper
 

Aunque actualmente están ocurrido frecuentes sucesos de enorme interés y singularidad en las montañas del mundo, no puedo iniciar esta pequeña serie de relatos en la montaña sin contar algo de lo que fue la primera ascensión del Cervino, una de las montañas más famosas y atractivas del mundo.

La historia tuvo lugar en los Alpes, a finales del siglo XIX, cuando comenzaba verdaderamente esta irracional pasión y vocación de escalar las montañas.

Whymper era un artista, un joven dibujante que se trasladó desde la industrial Inglaterra a los poco conocidos Alpes, que empezaban a explorarse fundamentalmente por ingleses.

Ya se habían escalado algunas montañas, entre ellas el Mont Blanc, la más alta de todas.
Entre todas destacaba una montaña única: el Cervino o Matterhörn, el Cuerno Madre, una impresionante aguja de roca y de hielo que sobresalía de las demás. Se la consideraba imposible.
Whymper la vió, tras haber escalado la famosa Aguja Verde de los Alpes. La aiguille Verte, en unión del guía francés Michel Croz y así se fue haciendo poco a poco un buen alpinista, año tras año...
Fue convenciendo a unos y otros para que le fueran acompañando a escalar la montaña. Durante diez años, casi consecutivos, fracaso en sus tentativas teniendo peligrosos accidentes, sin desmoralizarse nunca, hasta que en el verano de 1865, junto a Michel Croz, de Chamonix, célebre por tu técnica y valor, formó una expedición en la que también participaron los guías suizos de Zermatt Taugwalter padre e hijo, el sacerdote Charles Hudson, el joven Lord Douglas y un joven estudiante llamado Hadow.

Escalaron durante varios días abriendo camino por la arista suiza, la de Hörnli, para llegar a las Rocas Rojas, en las que la montaña se va haciendo más difícil. Desde Zermatt observaban la escalada con emoción...
Era la séptima tentativa de Whymper por alcanzar la cumbre de su vida...
Por la otra vertiente del Cervino, un famoso guía alpino: Carrel, tan constante y voluntarioso como Whymper, y uno de los mejores de la época, en esas mismas fechas también quería llegar el primero a la cima.
Whymper y sus compañeros fueron los primeros y colocaron una bandera en la cumbre para que fuera vista desde Zermatt (Suiza) y desde Breuil o Val Tournanche (Cervinia, Italia)
Whymper tuvo un recuerdo afectuoso para su gran rival: Carrel, ésta vez derrotado...

En Zermatt, una simple aldea que luego sería una de las más bonitas ciudades de montaña cotizada por el turismo mundial gracias al Cervino, las gentes que habían seguido con emoción la difícil escalada estaban entusiasmadas..

Hicieron en la cima una pirámide piedras amontonadas para dejar una señal que certificaba su ascensión.
El tiempo era espléndido, ni una nube empañaba el horizonte.
Se divisaban todas las grandes montañas de los Alpes: la gigantesca cúpula nevada del Mont Blanc, la más famosa del mundo, en el oeste, los grandes picos de los Apeninos, los del Oberland suizo hacia el norte.. El monte Rosa, el Mischabel, el Finsteraarhorn... Vieron según contaron hasta el monte Viso, la montaña que se dice que subió Petrarca...
Había que bajar. Estaban contentos pero cansados. El descenso se presentaba más peligroso quizás que la subida, pero conocían el camino...

La bajada era peligrosa y la larga caravana de alpinista descendía lentamente, paso a paso.
Whymper dispuso el orden de descenso: primero Croz, abriendo camino, luego el estudiante Hadow que era el menos hábil, junto a Lord Douglas, seguido por el reverendo Hudson... Al final Whymper con los Taugwalder...
En los descensos el más experto debe ser el último, por ser quien mejor puede o podría asegurar a los demás si tuvieran una caída...

Cuando Michel Croz, que abría camino, se decidió a seguir bajando, Hadow resbaló y le arrastró.
Croz dio un grito y ambos se precipitaron en el abismo. En ese mismo instante Hudson que iba atado a ellos fue también arrancado violentamente, seguido de Lord Douglas...

Viendo lo que estaba ocurriendo los guías Taugwalder, padre e hijo, retuvieron la cuerda contra una roca para intentar frenar la caída de aquellos cuatro hombres por el terrible precipicio... La cuerda se tenso y retorció... Y se rompió...

Whymper pudo ver como sus desgraciados compañeros caían de espaldas, abriendo los brazos en intentos desesperados por poder asirse a alguna roca y salvarse...

Los tres vieron como los cuatro compañeros desaparecían de su vista, uno tras otro, cayendo de precipicio en precipicio, golpeándose entre bloques de roca que también caían, cayendo más de 1.500 metros al glaciar del Matterhörn...

El triunfo sobre la gran montaña del Cervino terminó en esta profunda tragedia, y el descenso de Whymper y sus compañeros fue una horrenda pesadilla...
Quedaron en principio inmóviles petrificados por el horror, los Taugwalder lloraban como niños.
Whymper examinó la cuerda rota, dándose cuenta de que era precisamente una cuerda de reserva, la más fina y más vieja de las tres que llevaban, y nunca debió de haberse empleado para encordarse...
Whymper pudo una vez más imponerse para proseguir el descenso, infundiendo ánimos a sus compañeros... Taugwalder hijo sufría una crisis y Peter el Viejo pedía que le dejaran allí...

Cuando estaban muy abajo, hacia las seis de la tarde, cerca de la nieve que desciende a Zermatt, es cuando los tres vieron un extraordinario fenómeno en el cielo, sobre la cima del Lyskam:

Era un aparición luminosa y clara, perfectamente definida: algo extraterreno y celestial...

Se quedaron asombrados viendo como dentro del arco de brumas se iba formando gradualmente una cruz muy grande, y luego una cruz más pequeña a cada lado.
Fueron los guías Taugwalder, padre e hijo, quienes lo vieron primero, y luego Whymper, quien confesó que si solo lo hubiera visto él, hubiese dudado de sus sentidos... ¿Aquella visión increíble tenía relación con la tragedia?

La cruz enorme permaneció inmóvil y espectral durante varios minutos, a pesar de que Whymper y sus compañeros e movían, viendo aquél maravilloso y terrible espectáculo...

Días después regresaron a buscar los cuatro cuerpos de los desaparecidos... Solo encontraron tres: faltaba el del joven Lord Douglas que nunca ha sido hallado.

El Canton de Valais abrió un proceso judicial que fue muy famoso, el primero que tuvo lugar en la historia del alpinismo.

Esta es la primera historia del Cervino.
Y ella provocó un clamor popular, a pesar de que en aquellos tiempos los medios de comunicación no tenían la penetración que tienen actualmente, casi 150 años después.
La muerte de Lord Douglas y la gran tragedia, llegó hasta la reina Victoria quien preguntó a lord Chambelain, si se podría hacer algo para impedir el alpinismo.

Whymper se alejó de Europa y emprendió largos viajes por los Andes, acercándose hasta el mismo cráter del Cotopaxi, y al mismo Chimborazo, entonces considerada casi la montaña más alta de la Tierra...escaló en las montañas Rocosas y en las montañas de Groenlandia.

Y dijo estas frases que han quedado para la historia:

“Escalad si queréis, pero recordar que la fuerza y el valor no son nada sin la prudencia.
Y una negligencia momentánea puede destruir la felicidad de toda una vida. No hagáis nada con prisa, mirad bien cada paso y pensad que cada momento puede ser el fin”

Murió en Chamonix en 1911. Yo vi su tumba, en el cementerio de Chamonix, bajo el torrente de la Blaitiere, y la filmé para un programa de los Reporteros de Televisión Española en 1970.

En la lápida estaba escrito:

Edward Whymper, Autor, Explorador y Montañero.

 
   
César Pérez de Tudela Escalando
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