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  Capítulo II. La desaparición de Mallory y de Irving en el Everest. 1924
 

Ambos escaladores formaban parte de la expedición inglesa al Everest de 1924 y fueron vistos por ultima vez en la tarde del 8 de junio de hace 84 años.

La historia del Everest comenzó en 1852 cuando un empleado del Servicio Topográfico de la India descubrió cual era la montaña más alta del mundo, una cumbre del Himalaya que estaba señalada en los mapas ingleses con el número 15, sin haberse preocupado por saber que se llamaba Chomolangma y era una de las grandes montañas sagradas de una de las culturas más importantes de la Tierra.

Así se escribe la historia.

No contentos con ello los ingleses la pusieron el nombre del que entonces era el Jefe del Servicio Topográfico o Cartográfico de la India, Sir George Everest (poner el nombre del jefe nunca fue un detalle de gran dignidad, por lo que representa de adulación, ) y desconocieron su nombre milenario. Fijaron su altura en 8.845 metros.

Durante otros cincuenta años más el Everest o Qomolangma permaneció en el completo misterio. Frontera entre el Tíbet y el Nepal, ambos países estaban totalmente cerrados a los hombres de occidente, y nadie se atrevió a entrar en ellos. El Everest solo era una lejana montaña de roca y de hielo, una de las centenares cimas del Himalaya en aquél inmenso mar de montañas.

Pero en los comienzos del siglo XX las ansias de exploración llegaron por fin a las montañas, y varios viajeros exploradores comenzaron a penetrar en aquellos países, disfrazados de mercaderes, cruzando las fronteras prohibidas del Tíbet y del Nepal: Kellas, Longstaff y Maurice Wilson, el aviador solitario... al cual dedicaremos un capítulo para narrar su lola y gran aventura...

La primera expedición tuvo lugar en 1921 organizada por la Real Sociedad Geográfica de Londres y el Club Alpino Inglés. Formada por el coronel Howard-Bury, el doctor Kellas, geólogos, y estudiosos del Tíbet y sus montañas. También estaba un joven profesor de Cambridge, un alpinista llemado George Mallory que se convertiría en el más famoso de la época y el único que formó parte de las tres expediciones que se realizaron al Everest antes de la Segunda Guerra Mundial, entre 1921 y 1924.

El Everest era su montaña, igual que el Cervino fue la montaña de Whymper.
Todos pensaban que si alguien podía subir al Everest, ésta persona tendría que ser Mallory. Delgado no era aparentemente un atleta, pero demostraba que el alpinismo para él era algo más que un deporte...
Cuando se estaba preparando la tercera expedición al Everest, en 1924, es cuando fue preguntado por un periodista:
-Pero ¿Por qué estas empeñado en escalar esa montaña?
Mallory contestó, esta frase que ha tenido tanta resonancia:
-Porque está ahí

Había que salir desde la ciudad de Darjiling, atravesando las selvas tropicales del Sikkin, para ir remontando los desfiladeros de montaña, cruzando ríos de aguas tumultuosas por frágiles puentes, alcanzando altos collados para penetrar por fin en las áridas estepas del Tíbet, desoladas y barridas por el viento.
El doctor Kellas murió a consecuencia de las grandes fatigas y penalidades del largo viaje de un infarto cardiaco.
A finales de junio la expedición llegaba al monasterio de Rongbuk bajo el Everest.
Mallory escribió que quedó pasmado de admiración ante la visión de la gran pirámide, y no hacía más que mirar...

La mitad sur de la gran montaña era Nepal.

En aquella expedición Mallory y sus compañeros exploraron el glaciar de Rongbuk, y descubrieron el collado norte, como punto adecuado por el que tratar de escalar la montaña.

En 1922 se repitió la expedición, esta vez bajo el mando del general Bruce, en la que figuraba también el coronel Norton, Somervell y Mallory.

Los expedicionarios estudiaron la climatología de la zona, descubriendo que solo se podría escalar la montaña en un periodo muy breve, en el que el viento cesase y el cielo estuviese despejado. Hasta principios de mayo era invierno en el Himalaya, y pasada la primera quincena de junio, el Himalaya, estaba envuelto en las grandes tempestades monzónicas. Por tanto solo en mayo o junio se podía tratar de llegar a la cima.

Los escaladores subieron y bajaron decenas de veces por el glaciar de Rongbuk arriba y abajo, transportando cosas, equipos, alimentos, tiendas...
Escalaron el collado norte, tallando peldaños en el hielo, fijando cuerdas, subiendo tiendas. Mallory y Somervell dirigían a los numerosos porteadores sherpas que les ayudaban, denominándolos “tigres” por su valor y resistencia.

Continuaron hacia lo alto Mallory, Norton y Somervell, mientras los demás regresaban agotados a las zonas inferiores. Caminaban cuesta arriba diez o doce minutos, y paraban a descansar. La altura con la falta de oxígeno disipaba su voluntad, su inteligencia y su ambición, caminando como sonámbulos...

Alcanzaron los 8.225 metros y tuvieron que regresar.

Utilizando oxígeno una semana después volvieron Bruce y Finch, pero el peso de los 15 kilos de la botella no compensaba según sus declaraciones la ayuda del deseado aire. Llegaron hasta 800 metros de distancia de la cima pero exhaustos y con el cerebro embotado tuvieron también que regresar....
El monzón se presentó muy pronto aquél año de 1922 y la nieve comenzó a caer. Siete porteadores sherpas murieron victimas de una avalancha en el collado norte. Mallory y Somerwell trabajaron con gran esfuerzo salvando la vida a varios de ellos que estaban enterrados en la nieve medio asfixiados. Así con aquella tragedia terminó la expedición de 1922.

En 1924 salía nuevamente de Darjeling la tercera expedición al Everest. En ella repetían Bruce como jefe, Somervell, Norton y Mallory como escaladores, el geólogo Odell (que escalaría años después el Nanda Devi) y un joven estudiante de Oxford llamado Irving.

La expedición la componían 300 hombres entre porteadores, sherpas o tigres como les denominaban los ingleses.

Tras casi dos meses de trabajosas subidas y bajadas con la colaboración fundamental de los sherpas, cuyos nombres y trabajos los ingleses siempre trataron de ocultar lo más posible, como ocurre ahora, instalaron un campamento a 8.200 metros. Eran ellos Lhakpa, Napu y Semchumbi. Que quede constancia para la historia.

Este campamento lo aprovecharon Norton y Somerwell, para pasar la noche más alta que nadie había tenido nunca oportunidad de vivir.
Al día siguiente no salieron hacia la arista, como ahora se hace para subir, sino que siguieron escalando por la vertiente norte, protegidos del viento. Solo podían dar varios pasos y pararse a descansar, respirando de cinco a ocho veces profundamente de paso a paso. Así ambos alcanzaron sin oxígeno ( pesaba mucho y molestaba la mascarilla y no les compensaba ) alturas que sobrepasaron los 8.300 metros...
A mediodía Somervell se dio por vencido; tenía la garganta inflamada y no podía respirar apenas.
Norton siguió una hora más hasta alcanzar un gran corredor, que ahora se llama corredor Norton y pudo cruzarlo. Los latidos de sus sienes y de su corazón eran tan fuertes que parecían estallar; además veía muy mal y en un momento de miedo y lucidez se dio cuenta de que si seguía hacia arriba moriría sin remedio. Dicen que se hallaba a 8.573 metros.
Sin oxígeno y con aquellos equipos de entonces...Nadie había llegado a semejante altura... Y constituye uno de los grandes record del Himalaya.
Bajo como pudo, victima de un edema cerebral, además del cansancio y del deterioro físico normal tras tantos esfuerzos, y reuniéndose con Somervell, bajaron al campamento del collado norte. Norton llegó ciego a causa de la oftalmia de las nieves, tardando varios días en recuperar la visión.

Solo quedaba otra oportunidad de alcanzar la cima.

Y le llegó el turno a Mallory que formaría cordada con el joven Irving. Ambos irían, a diferencia de Norton y Somervell con oxígeno.

En la tarde del 8 de junio, el geólogo Odell observó desde la altura de 8.000 metros como dos figuras escalaban la arista, destacándose sobre el cielo. Dijo que parecía que estaban al pie de uno de los grandes escalones rocosos, a unos 200-300 metros de la pirámide final (posiblemente entre el primero y segundo escalón).

Poco después la visión se interrumpió y la niebla se cerró sobre la montaña. Nadie volvió a verlos más y la leyenda se mezcló con la fantasía...

Algunos sostuvieron que ambos pudieron alcanzar la cima y que cayeron en el descenso. Es difícil pero posible... Pero muchos más estimaron que ambos escaladores no pudieron superar el llamado “Segundo Escalón”, el mayor obstáculo que se presenta en esta última parte de la ascensión, una fisura rocosa que se levanta vertical unos veinte o treinta metros y que actualmente se salva mediante una escalera que se ancla con cuerdas a las rocas.

Ahí está la leyenda. ¿Pudieron llegar y fueron los primeros?

Durante muchos años se creía ver desde lo alto de la arista, lo que parecía un cuerpo humano caído y medio tapado por la nieve.
Año tras año nadie descendió desde la arista para comprobar si era Mallory o Irving, o quizás algún otro entre tantos cadáveres de desaparecidos exploradores que sucumbieron camino de la cima.

En 1999 un componente de una expedición norteamericana bajó expresamente a tratar de descubrir el cuerpo de Mallory a 8.100 metros, bajo la llamada “Franja amarilla”.
Era el alpinista Anker.
El cadáver, dijo, se hallaba intacto y se había preservado de la natural descomposición.
Su espalda parecía mármol blanco.
He de decir y es solo mi juicio, que Anker buscaba la fama, derivada especialmente de encontrar el hallazgo de la maquina fotográfica y con ella de las fotos que hubieran podido descubrir el misterio de si Mallory e Irving llegaron a ono a la cima, antes de despeñarse o se despeñaron antes de poder alcanzar la cumbre.
La cima siempre es trascendente, tanto como la muerte... o mejor dicho sobre la misma muerte.

Anker descubrió una etiqueta en la que unas letras rojas decían: G. Mallory, junto a unas botas claveteadas y cuarteadas por tantos años de hielo, y unas viejas cuerdas, pero fue su espalda blanca y sus piernas fuertes lo que más le llamó la atención. Tras comprobar que no tenía cámara alguna, y que no podía dar la vuelta al cadáver que estaba soldado por el pecho y los brazos a las rocas volvió a la arista para descender y contar su hallazgo.

El cadáver de Mallory fue irreverentemente molestado solo con este fin.

La historia del Everest y sus muertos continua misteriosa y trágica...

 
   
César Pérez de Tudela Escalando
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