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  Capítulo IV. Las aventuras de Eugenio Fasanna
 

La lectura de sus aventuras en los Alpes me impresionaron en mis tiempos juveniles de escalador de montañas, leyendo al alpinista francés Saint Loup.

Fasanna era un alpinista de los años “veinte” del pasado siglo XX. Según dicen las crónicas de la época era un “fortísisimo del alpinismo italiano” que seguía la filosofía extremada del alemán Guido Lamer, el extraordinario alpinista que intuitivamente practico el idealismo innato al alpinismo, o el alpinismo idealista, escalando peligrosamente en solitario las cimas de los Alpes.

La travesía del Dru, la esbelta Aguja de los Alpes de Chamonix ,era en aquellos años todavía una importante actividad alpina. Por ello y por decenas de ascensiones y escaladas en los macizos del Mont Blanc, Monte Rosa, y Dolomitas Eugenio Fasanna había demostrado estar entre los más activos alpinistas de aquellos años.
A Fasanna le acompaña su hermano Piero y Vitali Bramani (que años después sería el inventor de la famosa marca de suelas de montaña:VIBRAM)
Los tres están alcanzando la cresta final del Petir Dru cuando un viento impetuoso indica que el tiempo está cambiando rápidamente.
Algunos pasos difíciles conducen a Fasanna encima del abismo del Montenvers. Las nubes acaban de establecerse en el cielo y la tarde tiene un aspecto sombrío. Supera en escalada libre unas placas lisas y se mete en la hendidura. Las piedras que el viento desprende de la pared silban a su lado...
Mucho tiempo antes cualquier guía de Chamonix habría dado media vuelta asegurando en la retirada a su cliente, pero Fasanna y sus compañeros prosiguen imparables su escalada hacia la cima del Dru...
La primera ola de granizo cae sobre los alpinistas italianos que se sumergen en la niebla. Las lajas se han puesto blancas de nieve, pero ellos continúan la escalada sin dar más importancia a la llegada de la tempestad.

Siguen escalando con la tenacidad del “Bersaglieri” y el juego de la escalada se convierte en una terrible aventura, ya que ahora están en el centro de la tormenta. Las ráfagas de granizo se suceden junto al incesante viento.

“Nos dábamos perfectamente cuenta del peligro, pero una fuerza entusiasta prevalecía contra él!”

Fasanna sigue subiendo envuelto en un zumbido constante, que casi ruge en sus oídos: la electricidad estática de la tormenta eléctrica. Cuando un chirrido metálico se disipa.
Los cabellos de los tres escaladores se han levantado erizados por la fuerza de la corriente que suena y que inunda los alrededores de la cima.
El rayo ha pasado próximo...

Los tres se han asustado un poco y cada uno de ellos lleva la angustia del peligro en su garganta. Casi enseguida, un resplandor inunda la montaña con miles de voltios de potencia en un apoteosis de luz... y los tres escaladores sienten una fuerte sacudida mientras el ruido del trueno cruza majestuoso el cielo...

Fasanna se halla todavía a veinte metros bajo la cima, en el mismo centro de la tempestad... Y es entonces cuando toma una decisión única en la historia de aquellos años en las montañas: seguir hacia la cumbre para dejar su tarjeta.

¿Quien es Fasanna? ¿Uno de los mejores escaladores de aquellos años en Italia? ¿Un idealista suicida? ¿Uno de los mejores escritores de montaña junto a Mazzotti o Guido Rey? ( Escribió el libro “Cuando el gigante se despierta”)

¿Quién es ese hombre, que cargado de electricidad estática, se abre camino hacia la misma cima del Dru, que en esos momentos es el epícentro de la tempestad, en la que los rayos golpean con un peligro evidente de muerte cierta?

En la cima del Dru la imagen de hierro de la Virgen lanza destellos, millones de voltios descargan los rayos sin cesar sobre la Verte y el Dru...
En esos instante Fasanna recibe una formidable sacudida que le separa de la roca, pero los tres prosiguen hacia el centro.

Los alpinistas escriben su nombre sobre un cartón con la fecha, añadiendo “tempo infernale” metiendo el documento en una lata vacía que dejan sobre la nieve.

Huyen con toda la velocidad de que son capaces, por las rocas blanqueadas por la nieve y el granizo. Los replanos para poner los pies están resbaladizos, igual que las chimeneas... Cuando Fasanna que asegura con la cuerda, a sus compañeros en el descenso, levanta el brazo para sujetarse a la roca una luz blanca le ciega:

“Sentí un una sacudida brutal y vi un agujero negro intenso”
“La Luz era tan luminosa y blanca...”
“Creía que estaba destrozado en cien pedazos...”
“Una espada ardiente había penetrado en mi cuerpo por el lado derecho...”
“Quise gritar pero no podía emitir sonido alguno...”
“Estaba muerto... Niebla... Parálisis...Asfixia...”

Los compañeros de Fasanna se han inclinado ante él, que está fulminado por el rayo. Fasanna los ve pero no puede decirles que está vivo porque no puede hablar; se encuentra paralizado...

Su hermano Piero y Vitali le están bajando colgado de una cuerda hasta una plataforma, mientras la cuerda le oprime el pecho... golpeándose contra las rocas como un muñeco...

Bajar a un herido del Dru, entre una tormenta, es un trabajo inmaginable para quiénes no hayan participado en salvamentos de montañas...

Fasanna va recuperando el movimiento, primero del brazo por donde el rayo ha entrado en su cuerpo y luego de la pierna por donde ha salido la corriente...
La noche les impide seguir bajando y tienen que quedarse en una pequeña repisa para empezar el vivac, sentados mirando el precipicio, mientras a Fasanna le han logrado acostar sin moverse sobre su lado herido terriblemente doloroso...
El vivac es, como todas las noches en las que hay que refugiarse en la montaña, un suplicio, lleno de hermosas vistas y constantes tiritonas, cambiando frecuentemente de postura, temblando de frío... A las cinco de la mañana prosiguen los tres hombres bajando muy despacio, superando cansancios y esfuerzos infinitos...
Fasanna huele todavía a azufre cuando llegan dos días después al tren del Montenvers...
Fasanna se recupera. La respiración es normal, la parálisis inicial no continua, y durante días siguientes un ligero temblor y una excitación nerviosa estremece los organos afectados por la descarga.. En definitiva nada. Fasanna ha servido de pararrayos a la imagen de la Virgen, la Madonna, en la cima del Dru. Y está ileso.

Este hombre, milagrosamente salvado de la montaña, es curiosamente el protagonista de una serie de sucesos extraordinarios....

“En 1911 servía en los famosos regimientos de los “alpini”, y en el valle de Aosta conducía una patrulla por encima del Col de Brussons.

“Tenía que subir por una pared, trepando con facilidad, abriendo camino a mis compañeros, pero de pronto el agarre falló y caí hacia atrás... intentando restablecer el equilibrio, cayendo varias veces, rodando por las rocas casi doscientos metros... Posiblemente mi mochila me salvó de los golpes y a los dos meses de hospital estaba de nuevo dispuesto...”

“Durante la primera guerra mundial, en las Dolomitas, bajé toda una montaña dentro de un alud de nieve que me llevo intacto abajo...”

“Años después, dirigiendo una salida colectiva del club alpino italiano al macizo de Albigna. Los participantes son principiantes y demasiado numerosos. Cuando una tempestad los cierra el paso tienen que vivaquear en unas pendientes nevadas expuestas al norte. Cada cual resiste la noche como puede, Fasanna no pasa frío, pero al amanecer comprueba que seis de sus compañeros han muerto de congelados...”

Eugenio Fasanna fue delegado de la comisión de socorro del Club Alpino Italiano., ocupándose de los seguros para todas las clases de accidentes en montaña.

 
   
César Pérez de Tudela Escalando
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