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  Capítulo V. “Las rocas son el camino del valor”
 

Las hazañas dejan un resplandor que ilumina a la muchedumbre.
Los santos y los héroes cubren la fealdad de los hechos humanos, y aunque la ley de los muchos los declare inútiles y absurdos, la vida nunca podrá prescindir de ellos.
La montaña abrió de nuevo los antiguos códigos de caballería, y es en ella en donde más probabilidades tenemos de volver encontrar el tipo humano del héroe.
¿Es un héroe el que sube a una difícil cumbre?
Quizás podrá ser un héroe de la voluntad, del esfuerzo, incluso de la temeridad...

Esta historia tuvo lugar en los Alpes de Maurienne, en marzo de 1945. Los alemanes se habían retirado hacia las crestas, ocupando los observatorios y dominando estratégicamente la montaña a cargo de los célebres regimientos de alpinistas, mientras el ejército francés mezcla de antiguos “maquis” y restos de voluntarios, están en los valles. Los alemanes han pasado el invierno en sus “nidos de águilas” aguantando 15 y 20 grados bajo cero.

El 12 de marzo a las tres de la madrugada, Alain Le Ray, Tte. Coronel a los 34 años manda la brigada que ocupa Mont Cenis, en unión de Stéhpane, jefe del maquis de Belledonne y de Jacques Boell, teniente y conocido alpinista francés patrullan por las cimas para estudiar las posiciones alemanas del Mont Cenis.

Con los crampones puestos los tres franceses nos son hombres de guerra, sino alpinistas. El frío es intenso a esas horas y la montaña en tiempo de guerra no es como en la paz. ¿estará el enemigo escondido detrás de un pináculo de hielo?

El col del Chapeau está desierto, además del viento que suspira sobre la nieve... Mil doscientos metros abajo distinguen el dispositivo enemigo que se despliega ante sus ojos, casi verticalmente. Miran con los prismáticos, toman notas, contentos de haber descubierto los secretos del enemigo. Y oyen también el eco de las canciones nostálgicas de los militares alpinos de Kitzbuël, de Garmich, que evocan novias tristes y valles de pastos azules...

El capitán Stéhpane dá la voz de alerta:

.¡¡Cuidado!! Viene un alemán a nuestra altura por el costado de la Punta de Haie...
Un poco de angustia sienten esos tres hombres pensando que van a enfrentarse a una patrulla alemana, pero no ven a nadie más, solo a un soldado alemán cuya silueta se desplaza rápidamente por la vertiente italiana... el alemán no lleva ni fusil, ni prismáticos dice Le Ray que observa minuciosamente a su enemigo que avanza distraído por una arista de hielo calzando los crampones con un pie sobre Italia y otro sobre Francia manteniendo el equilibrio con un largo bastón parecido a un piolet.

Es el sargento jefe Adolf Hörnle del Regimiento de Montaña que ha salido a dar un paseo por la nieve practicando algo de su deporte favorito y no se cree que delante de él se encuentren tres franceses apuntándole con sus armas.

-Queda usted hecho prisionero le dicen Le Ray

El alemán permanece murmurando palabras con los brazos colgando, mientras Boell le registra. El alemán que no lleva armas, y está solo equipado para dar un paseo por la alta montaña invernal, con lentes de glaciar, cuerda de rapel y un bastón de montaña que se llama el alpestop..

Dice que se llama Adolf Hörnle y que sus compañeros creerán que ha desertado, él, que ha sobrevivido con honor a las batallas de Polonia y ante Leningrado... para terminar hecho prisionero en la montaña mientras daba un paseo...

Los franceses continuaron subiendo con su prisionero hasta la alta cornisa de la Ronce. Stéphane vigila de reojo a su prisionero por pura rutina ¿Cómo podría evadirse?

El alemán está estudiando sus posibilidades. A un lado se encuentra la Punta de la Ronce que cae casi verticalmente sobre la meseta del Mont Cenis, por unas pendientes esquistosas de casi mil metros. Por la otra vertiente, la italiana, solamente un paracaidista podría franquear semejante desnivel. Por el col du Chapeau que acaban de alcanzar el abismo mide unos 600 metros, entre pasillos y corredores de nieve...

Mientras uno de los franceses se ajusta los crampones dejando el arma sobre la nieve, el otro se prepara para el descenso con el mosquetón sobre una roca y el tercero está más arriba con un fusil que posiblemente no esté cargado...

El alemán se inclina tomando impulso con mucha fuerza, se apodera del arma colocada junto a él y salta por encima de la cornisa hacia el abismo italiano desapareciendo rápidamente.
Así parece que se suicido bajo los ojos de los soldados franceses, el sargento Adolf Hörnle para salvar su honor de soldado contó Odell, testigo de la tragedia.

Alain Le Ray ve al prisionero que se desliza por la pendiente de hielo de 45 grados manteniendo el equilibrio gracias a su bastón alpino, dirigiéndose hacia uno de los corredores que cortan la pared en cuatrocientos metros de altura...
El teniente coronel ha cargado su arma pero ya es demasiado tarde para disparar... Además no es necesario Adolf está perdido... solo se escucha el ruido de las piedras cuando se desprenden por la caída del cuerpo...
Adolf ha rodado por una serie de corredores verticales y tal vez haya quedado prendido en algún saliente... o su cuerpo estará inerte en alguna cornisa...

Pero allá abajo a unos quinientos metros debajo de ellos... un insignificante punto negro, se mueve y se destaca en el paisaje nevado.
Le Ray toma los prismáticos y ve como Adolf Hörnle se aleja por el valle de Roncia.
Para recoger el mosquetón que el alemán les arrebató en su caída y que está tirado sobre la nieve, tienen que montar un largo rapel, lo que da una idea de la dificultad alpina del terreno por la que el soldado alemán se tira para romper su cautiverio.

El sargento primero Adolf sería considerado entonces como uno de los milagrosamente salvados en la montaña.
En un boletín de los regimientos alemanes encontrado meses después había una breve reseña del impresionante descenso del que el héroe salió con una fractura abierta del brazo y muchas contusiones. Fue citado en la orden de la división y recibió la Cruz de Hierro de primera clase.

 
   
César Pérez de Tudela Escalando
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