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  Capítulo VII. “Las historias de la pared norte del Eiger”
 

Existe pero sobre todo existió, es ya historia, una montaña entre todas las montañas de la Tierra que acaparó la atención universal. No estaba en el Himalaya, ahora de máxima moda, no era una montaña alta, no llegaba a alcanzar los 4.000 metros, y se encuentra en las montañas que inspiraron el alpinismo: los Alpes.
Me refiero a la famosa pared norte del Eiger: el Ogro, en el Oberland bernés suizo.
El Eiger al igual que las célebres paredes de los Alpes, los precipicios más difíciles de escalar de la Tierra, junto algunas murallas de las Dolomitas, de los Andes y de Yosemite, inspiró un tipo humano extraordinario y atípico, que suscitó incredulidad y misterio: el alpinista propiamente denominado, el auténtico, tipo que causó estupor social en la plenitud del siglo XX, y que ahora curiosamente tiende a desaparecer con la evolución de las circunstancias del desarrollo tecnológico y las facilidades que el turismo ha ido imponiendo.

Las historias del Eiger son únicas y excepcionales en el alpinismo moderno.
El Eiger se hizo más famoso que el mismo Caervino y que el maravilloso Mont Blanc, y que las Grandes Jorasess y las verticales paredes de las Dolomitas. Millares de lectores siguieron emocionados los artículos, las noticias que a esa pared se referían.

El Eiger y su pared norte fue esencia de un sentimiento sensacional y trágico como la misma vida. Lo que llevó al austriaco Harrer a decir:

“La verdadera historia de la pared norte del Eiger es más grandiosa y más terrible de lo que los hombres puedan inventar nunca.
“Su recuerdo no ha sido superado por ninguna otra montaña de la Tierra.

No voy a contar todas estas historias de la pirámide negra que se levanta sobre el valle de Grindelwald y de Lauterbrunen y me referiré en este capítulo solo a algunas de ellas.
En 1935 dos alpinistas de Munich, Sellmayer y Meringuer se atrevieron a intentar los casi 2.000 metros de escalada de roca descompuesta y de hielo negro, después de estudiar minuciosamente la pared. Se dice que eran dos excelentes escaladores.
Gastaron muchas energías en ir superando los zócalos previos al primer glaciar suspendido y allí montaron su segundo vivac. El tercer día avanzaron muy lentamente y ganaron poca altura en la montaña. Pasaron una tercera noche colgados de la pared entre la tormenta, superando el segundo glaciar suspendido de una altura de 600 metros.
La noticia había trascendido desde Suiza al resto de Europa y todos los catalejos de la Kleine Scheiddeg (hoteles de turismo situados bajo la pared) enfocaban hacia donde estaban los escaladores. Al quinto día la pared apareció cubierta por la tormenta y cuando las nubes se disiparon vieron a los dos alpinistas alcanzar el tercer glaciar bajo la Rampa. Fue la última vez que Sellmayer y Meringuer fueron vistos vivos...

Las expediciones de socorro de la llamada Guardia de la Montaña no pudieron hallar rastros de los audaces exploradores, hasta catorce días después. Con los catalejos vieron dos cuerpos inmóviles, uno bajo una hendidura negra y el otro colgado de la cuerda balanceándose en el vacío...
Este acontecimiento causó estupor en las gentes, cuando se publicaron cientos de reportajes y artículos con las fotos logradas con potentes teleobjetivos, o desde avionetas que se exponían peligrosamente que mostraban las trágicas escenas.

El Eiger comenzaba a ser una montaña famosa... Y como siempre ha ocurrido en la vida y especialmente en las montañas, el drama difunde con fuerza la misteriosa atracción del peligro y la dificultas, y en el verano siguiente, las mejores cordadas y equipos de alpinistas quisieron probar su suerte y sus fuerzas en la siniestra montaña.

Las condiciones climatológicas era en aquellos años y muchos años después especialmente desfavorables en la pared. Muchos de aquellos escaladores desistieron con excepción de los alemanes Hinterstoiser y Toni Kurrz, junto a los austríacos Angerer y Rainer.

Empezaron a subir el 18 de julio. Hinterstoiser gran escalador de los macizos rocosos calcáreos de Italia, descubrió el paso clave de la primera parte de la pared, el que llevaría su nombre: la travesía Hinterstoiser, saliendo directamente bajo el primer nevero, una travesía por roca con hielo y nieve adosado larga y horizontal que evita la
inmensa losa rocosa de la Rhote Full.
Al segundo día la niebla oculta la pared y en el amanecer del tercer día se ve que continuan lentamente. Uno de ellos está herido en la cabeza, posiblemente por impacto de alguna piedra de las muchas que caen desde 1000 metros más arriba... Han avanzado muy poco, apenas doscientos metros y el tiempo continúa muy inseguro. Al llegar a donde Sedllmayer y Meringuer hallaron la muerte ( vivac de la Muerte) decidieron retirarse. Allí comenzó el drama.
El descenso es muy peligroso al tener que ir atravesando los precipicios helados a lo largo de los 600 metros del segundo glaciar o helero suspendido, bajando muy lentamente y sorprendiéndoles la noche vivaqueando por tercera vez en condiciones deplorables ( el vivas es estar a la intemperie con las piernas colgando hacia abajo, soportando el viento y la tormenta) En la mañana de cuarto día llegaron al paso clave: la travesía Hinterstoiser que había descubierto éste escalador, pero tienen que efectuarla a la inversa y no pueden atravesarla y el pasaje se convierte en una trampa. Los guías de Lauperbrunnen salieron en su ayuda penetrando en los agujeros del ferrocarril de la Junfraujoch para salir a unos cien metros de donde está Toni Kurz.
“Angerer ha muerto de frío durante la noche. Hinterstoiser se ha despeñado intentando volver por la difícil travesía en medio de la tormenta, Rainer está muerto colgado de la cuerda y posiblemente ahorcado por ella. La noche llega y los guías de socorro no pueden alcanzar a Toni Kurz que ha de soportar otro largo vivac.
“En el amanecer del quinto día los guías renuevan sus tentativas para salvarle y se acercan hasta cuarenta metros de donde está. Le piden que corte la cuerda que sujeta el cuerpo de Rainer, para desatarla y utilizarla para un largo rapel. Cuando Kurz corta la cuerda el cadáver de despeña por la pared. Con mucho trabajo Toni Kurz va haciendo lo que le dicen los rescatadores. Recoge la cuerda deshace los nudos helados, y separa los cabos de la misma, para luego irlos uniendo y que la cuerda sea tres veces más larga y que así pueda llegar hasta la repisa en donde sea posible su salvación. Kurz se encuentra en unas condiciones físicas de extremado agotamiento. Kurz monta el rapel después de largas horas de esfuerzos y empieza el descenso, pero la cuerda a mitad del recorrido se atasca, encallándose un nudo en su mosquetón del rapel... Nuevos y denodados esfuerzos limites. Los guías le van dando las instrucciones perio Kurz se agota inútilmente al no poder izar su propio peso para liberar la cuerda. Un alud se precipita sobre él, que extenuado muere...
“Este nuevo e intenso drama seguido por la prensa hora a hora hace que el Cantón de Berna prohíba la escalada de la pared norte del Eiger. Esta prohibición tiene los efectos contrarios a los deseados. Y aumenta la atracción por el reto y el Eiger se convierte en la montaña famosa y terrible que toso los grandes alpinistas quieren escalar, llegando a ser un escenario en donde los distintos países de Europa llevan a sus hombres para demostrar la audacia y el valor, `probando en esas circunstancias históricas crepusculares ideologías que exceden el hecho cultural y filosófico que el alpinismo conlleva.

En años sucesivos nuevos sucesos aumentaron la fama del Eiger. Una cordada de Salzburgo fue sorprendida por una tempestad; los alpinistas consiguieron llegar a la arista Mitellegi, pero Gollaker muere de agotamiento mientras Primas, su compañero, extenuado fue recogido por guías suizos.
Rebisch junto a Vörg, escalan la vía Lauper ( que no recorre en su totalidad la pared norte) para ayudar en su rescate, encuentran el cadáver de Gollaker, y a costa de grandes esfuerzos descienden su cuerpo que la Guardia de la Montaña ha buscado sin éxito durante varios días. Ambos son alpinistas de la máxima experiencia y se encuentran entre los mejores de la época tanto en roca como en hielo.

Después de algunos días de descanso vuelven a la pared y los poderosos catalejos de la Kleine Scheidegg observan sus movimientos para trasmitir las noticias a los medios de información. Pasan la noche al otro lado de la travesía Hinterstoiser ( vivac de las Golondrinas) y dejan una cuerda por si trataran de volver. La tensión de la escalada les impide ver que la tormenta se acerca, aunque llegan al vivac de la muerte, en donde no están los cuerpos de los infortunados escaladores, que posiblemente las avalanchas han precipitado al abismo. Nadie que hasta allí había llegado a vivido para contarlo. Al día siguiente intentan seguir por la Rampa, uno de los pasajes rocosos más difíciles, pero la tormenta intensifica sus esfuerzos, y la noche acrecienta su debilidad. Totalmente mojados, ateridos por el frío deciden retirarse...pero nadie antes ha bajado vivo... Bajo la amenaza constante de la caída de rocas llegan al lugar de su primer vivac entre grandes y largos esfuerzos. El agua cae en cascada por la pared, pero dejaron una cuerda en precisión de regresar y es definitiva `para su salvación. Al final de ese nuevo día llegan a las praderas verdes fuera de los abismos. Viven. Son los primeros hombres que salen con vida de la pared norte del Eiger, pasando en ellas más de cien horas de lucha intensa.
Al años siguiente dos escaladores italianos del máximo prestigio, ambos medallas de oro del club alpino italiano, Sandri y Menti, acostumbrados a izar su cuerpo con la punta de los dedos por las paredes de las Dolomitas. Nunca se supo que ocurrió y de su aventura nada se llego a saber, pero ambos sucumbieron en ella.

El Eiger va marcando toda una época del terrible y gran alpinismo, hasta que la cordada germano austriaco compuesta por Harrer y Kasparek, Heckmair y Vörg logran con vivencias extraordinarias escalar la pared y ser recibidos por Adölf Hitler y puestos como ejemplo de los nuevos tiempos.

Durante estos años no solo opinaron los alpinistas, sino la prensa, los ciudadanos, las autoridades, la judicatura...La fascinación del Eiger fue inagotable y se dispersó por el mundo y decenas de alpinistas de todos los países sueñan o soñaron con escalarla y los dramas continuaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, superando con creces la practica del alpinismo inglés que era al fin un alpinismo razonable. El Eiger excedía la razón y su poderoso misterio próximo a lo metafísico estableció un nuevo sentido del peligro, de la estética y de la filosofía alpina.

Los libros dedicados a esta montaña fueron más numerosos que los que tenían al Everest como ejemplo y contenido. “Eiger, arena vertical”, “Combates por el Eiger”, “La morte arrampica acanto” “Eiger, pared trágica” etc...

Para España supuso uno de los capítulos más intensamente tristes de su historia. Alberto Rabada y Ernesto Navarro, dos figuras indiscutibles de la escalada española murieron trágicamente en la pared, y día a día momento a momento, en el verano de 1963, el Heraldo de Aragón fue relatando el drama. Ambos escaladores en perfecta unión, Navarro ayudando hasta sus últimas fuerzas a Rabadá, quedaron colgados del glaciar de la Araña.
Yo iba a formar parte de los equipos de salvamento español que intentarían rescatar sus cuerpos el próximo verano, cuando una cordada de guías suizos que realizaron el primer descenso de aquellos precipicios ( Escalé con ellos la Sur del Pájaro de la Pedriza cuando fueron invitados por España y agasajados no se si debidamente por la Federación Nacional de Montañismo) cortaron las cuerdas sin haber protegido sus cuerpos y estos congelados y frágiles se despeñaron más de 1500 metros hasta su base.
Mi escalada a la pared norte del Eiger, mi máximo orgullo como alpinista la logre en 1969 en las que viví los días más intensos y duros de mi azarosa y fascinante existencia. Fui recompensado con una medalla de oro al mérito alpino, el mayor galardón de la década de los “70"

 
 
 
César Pérez de Tudela Escalando
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