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  MAYO 2009
  Regreso al Everest II.

Este año 2008 no he podido cumplir mi reto y mi reencuentro con el Everest, después de vivir intensamente los preparativos, con la tensión que dicha decisión comportaba para mi. Estuve caminando por Nepal, sin poder pasar al Tíbet, cerrado por el recorrido de la antorcha de los Juegos Olímpicos chinos al campamento base de la vertiente norte, decidiendo posponer mi proyecto para la próxima temporada y concederme algo de tranquilidad para estudiar mi biología y el ritmo de mi corazón después de las intervenciones y pruebas a la que había estado sometido.

Decidí firmemente volver en la primavera del año 2009, en la que si Dios así lo quiere, intentaré la aventura de su ascensión por la vertiente norte.

Por ello he estado muy atento a todas las noticias que se han sucedido en este año de restricciones en el Everest. Han sido muchas las personas de todo el mundo que a pesar de las dificultades han alcanzado la cima, a partir del 10 de mayo, cuando China y Nepal permitieron el paso hacia lo alto.
Llegaron a la cumbre por el norte y por el sur varios españoles, de distintas regiones. Mi enhorabuena a todos ellos, por creer firmemente que han logrado una magnífica vivencia.
El Everest hoy día sin constituir una proeza excepcional, sigue siendo una aventura extraordinaria para muchas personas que practican este nuevo ejercicio del “himalayismo”, actividad que se va separando del alpinismo clásico que ha venido realizándose especialmente a lo largo del pasado siglo XX, y que supuso también la orientación y la dificultad de buscar la ruta, la soledad y la utilización exclusiva de los propios medios, sin las ayudas y facilidades que actualmente son ya normales en las cimas clásicas del Himalaya. A pesar de todas ellas la aventura puede ser apasionante.

Me ha llamado la atención la segunda ascensión del japonés Yuichiro Miura, de 75 años, que ya llegó a la cima cinco años antes, prometiendo volver años después para ser el deportista más veterano en llegar a la cumbre de la montaña más alta, cuando otro japonés de 71 años superó su marca.
Miura es un veterano del Everest, ya que organizó en 1970 una expedición para bajar esquiando la montaña por la vertiente del Lhotse, siendo el promotor y el protagonista de una de las mejores películas dedicadas a la montaña: “Everest Symphony”, un preciso documental filmado en 70 mmm. que recogía su intento como esquiador extremo, lanzándose audazmente, con un valor admirable, desde el collado Sur sobre sus esquís, eso sí, protegido por dos paracaídas abiertos que debían frenarle en su vertiginoso descenso. Yo la vi como invitado especial en el Festival de San Sebastián en 1971.
Miura cayó por la fuerte pendiente pero salvó la vida. Eso fue hace 38 años. Como decía, el japonés ha logrado otra vez la cima esta primavera del 2008, pero tampoco ha sido el más mayor como él pretendía, ya que unos días antes un antiguo soldado nepalí, Min Bahadur Sherchan, cuya edad no se ha podido acreditar, pero que declara en 76 años. Estos record por si mismo no tiene para mi una especial relevancia, pero si la admiración por el ejercicio de la gran ilusión y el saber que existen personajes que mantienen la juventud a pesar del paso inexorable y cierto de los años.

El Everest es un verdadero laboratorio
del cuerpo y del espíritu.

Y eso es lo que a mi, en éstas alturas de mi existencia me interesa del Everest. La investigación de mi mismo, el “porqué”, el análisis de las sensaciones, de los sentimientos, de los esfuerzos, y de las alegrías. Todo ello espero que quede grabado en mi conciencia para poder estudiarlo y después ir poco a poco contándolo.
Todo ello junto al estudio de mi sufrido corazón, para que los estudiosos de la cardiología puedan sugerir ideas y experiencias, animando a los cardiópatas a proseguir el apasionante ejercicio de la vida completamente vivos de espíritu y de cuerpo. Solo poder contarlo compensara los grandes esfuerzos y los riesgos inherentes.

   
   

 

 
César Pérez de Tudela Escalando
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